Castillo al-Fath, conocido entre la población local por “Hisn Laqbibat” (Las cúpulas), o más bien por “el viejo hospital” se considera como uno de los más antiguos bastiones de la ciudad y uno de los monumentos más emblemáticos de Larache. Ya que el castillo Laqbibat figura y aparece en los primeros grabados realizados por los geógrafos y los ingenieros militares que pasaron por las costas atlánticas, o que tuvieron la posibilidad de visitar la ciudad. Además, el castillo aparece como referencia en varias descripciones hechas por los cronistas de aquellos tiempos tanto marroquíes como europeos…
Hospital militar de Larache publicada el sábado, 18 enero, 1913 en el diario ABC
Cabe recordar que desde la fundación de Larache como núcleo urbano conoció varios saqueos, razzias y bombardeos por parte de las flotas europeas, sobre todo las que salían de la península ibérica, actos que empujaron a la población local abandonar la ciudad y buscar refugio en las cercanas montañas de Yebala.
Viendo esta situación de inestabilidad y de terror permanentes, uno de los emires de la dinastía Wattasida, Muley Nacer y bajo las órdenes de su padre el Sultán Mohamed el Cheíj, ordenó construir un bastión en la entrada del río Lukus para tranquilizar a la población local.
Unos siglos más tarde, otro monarca marroquí, el sultán Saadí Muley Ahmed Mansur al-Dahbi (1578-1603), después de la famosa batalla de “Los Tres Reyes”, planificó y ejecutó la construcción en Larache de dos nuevas fortificaciones con el objetivo de asegurar la defensa de la ciudad y de cerrar el paso a las incursiones de los conquistadores portugueses y españoles.
Una de las fortificaciones se hizo sobre los cimientos del primer bastión Wattasí y es la que protege Larache desde el lado marítimo ; se le otorgó el nombre de “Castillo al Fath” o “Laqbibat”, en memoria de la victoria obtenida en la batalla de Úed al Makhazen (1578).
En el siglo XVII, y durante el reinado de Felipe III, precisamente en el año 1610, Larache cayó por primera vez en las manos de los españoles y con este acontecimiento histórico el monarca español cumplió el sueño de su padre, el todopoderoso Felipe II, que pensaba en aquellos tiempos: “Sólo Larache vale por todo el África”.
Cuatro años después de caer en manos de los españoles en 1614, el religioso Fray Marcos de Guadalajara, historiador general de la orden de Nuestra señora del Carmen, hizo la primera descripción y la toma de medidas del castillo, descritas en su obra: “Sitio, forma y fuerzas de Alarache”, diciendo el historiador: “El mayor de los dos fuertes de Alarache, es el de la puerta de la barra, haciendo una cortina del frente a la mar, la vuelta del norte y otra al río, la vuelta de levante. Es de figura cuadrada, de tierra y cal, teniendo su grosor la muralla doce palmas de ancho y veintiocho de alto, y unas almenas a lo antiguo con sus saeteras…”
Durante la ocupación de la ciudad (1610-1689), los españoles hicieron varias rehabilitaciones en los castillos y reforzaron las murallas de la ciudad con la intención de establecerse en ella por largo tiempo. Y una de las fortificaciones que se benefició de algunas transformaciones arquitectónicas fue el Castillo Laqbibat, que los nuevos ocupantes bautizaron con el nombre de “Castillo de San Antonio de Alarache” y que sirvió a lo largo de los 79 años de ocupación como plaza fuerte y de bastión estandarte hasta el 11 de noviembre de 1689, año en el que el ejército marroquí, enviado por el sultán Muley Ismael, realizó el asalto final para liberar de nuevo Larache, hazaña que se culminó con la capitulación de la ciudad por las tropas españoles.
Pasaron los años durante los cuales Larache recobró su estatuto de ciudad de soberanía marroquí, transformándose con el tiempo en el primer puerto del reino de Fez y en una de las importantes ciudades marroquíes de la costa atlántica, sobre todo durante el reinado de Muley Mohammed Ben Abadallah.
La ciudad de Larache conoció cierta estabilidad durante los siglos que sucedieron hasta el 8 de junio de 1911, cuando las tropas españolas dirigidas por el famoso Coronel Manuel Fernández Silvestre ocuparon de nuevo la ciudad para imponer por fuerza a los marroquíes los tratados del protectorado hispano-francés.
Así de nuevo, nuestro castillo fue conquistado por el ejército español (1911-1956). Y durante los primeros años del colonialismo, y ante la falta de cuarteles militares, el Castillo Laqbibat fue transformado en cuartel para recoger los primeros destacamentos ; luego, fue convertido en hospital militar durante las campañas de Sahel y de Yebala para someter la resistencia mostrada por los marroquíes.
Más tarde, en los años treinta del siglo XX, “El Castillo” conoció varios cambios en su estructura original para adaptarse a su nueva función, la del principal hospital civil de la ciudad, tarea que efectuó hasta los finales de los años sesenta del pasado siglo.
Escrito Militar. Hospital Militar de Larache. 1935
Descripción detallada del hospital militar de Larache publicada el sábado, 18 enero, 1913 en el diario ABC
Luego vinieron malos tiempos para el Castillo Laqbibat reflejados en el abandono y en la dejadez total, porque en vez de ser protegido y declarado como patrimonio nacional, el castillo conoció el saqueo y la destrucción sistemática hasta llegar a un estado en el que ni siquiera era la sombra de lo que había sido antes.
Y el mejor retrato de desolación y de ruina es la que nos dejó el desaparecido poeta de Larache don Mohamed Mamoun Taha (MOMATA) en un poema de más de 40 versos, en el cual el poeta describía el estado del castillo en la última década del siglo XX, y que se titula:
“Despojos de una silueta”, fuente de que tomamos estos versos para ilustrar nuestro tema: “Hoy, todo agonía. Cual naufrago solitario. Que tiende sus brazos a la nada. Mientras el tiempo, con mano despiadada. Arranca sus almenas, para esconderlas luego, en la sombra del olvido…”.
Pero hoy día, y parece por un golpe de magia, el primer y el antiguo castillo de Larache va a conocer unos tiempos mejores y mejor suerte con el fin de recuperar el prestigio y la utilidad que tenía antes ; esto se debe a la afortunada intervención de una familia española formada por los hermanos Garrido que han tenido fe y confianza para apostar e invertir en nuestro país.
El resultado final de las obras dará un lujoso y bello hotel de 4 estrellas con unas 150 camas, 2 canchas de tenis, una piscina, varios restaurantes, un salón para congresos…, entre otros servicios. Con una inversión de 800.000 euros.
Ahora los larachenses pueden estar tranquilos por el destino de su “Castillo” porque éste conocerá una suerte mejor.